
Haz Llover – José Luis Reyes (con letra)
Cuándo hay sed en el corazón, cuándo el alma gime por algo más, cuándo nuestro ser interior necesita ser refrescado con la lluvia del Señor que viene de lo alto, clamamos que llueva y que Dios nos llene de Su presencia. No se cansa nuestra alma de pedir que sea saciada, queremos que nuestra copa rebose.
Que Dios nos abrace y nos envuelva con Su amor.
Cuando esa lluvia empieza a caer, desciende la gloria de Dios y empieza a arder el fuego de Dios. Esa lluvia sana, restaura y sacia nuestra vida. Vemos Su Gloria.
El simbolismo bíblico de la lluvia
La lluvia se utiliza como un símbolo común en la literatura. Novelas clásicas como Jayne Eyre de Charlotte Brontë, el gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald y Bleak House de Charles Dickens emplean la lluvia como un símbolo que agrega un nivel adicional de penetración en el estado emocional de un personaje o el tono general de una escena, pero en muchos trabajos también simboliza la renovación o nueva vida.
Asimismo, en la escritura, converge el significado literal y el significado figurado de la lluvia y el simbolismo varía con el contexto.
La lluvia es un símbolo útil porque es algo que está dentro del reino de la experiencia de cada persona, y es un factor esencial que hace posible nuestras vidas. La lluvia nos sustenta, pero vemos evidencia en las escrituras y en el mundo que nos rodea, que esa lluvia puede también traer devastación e incluso la muerte.
Experimentamos la realidad que el mismo agente inanimado puede representar la vida y la muerte.
Este concepto es evidente en la escritura, la lluvia, que inicialmente es dada por Dios para engendrar nueva vida, también se convirtió en un medio de juicio, como se ve en Génesis 7:4: describiendo la inundación. En este caso la lluvia en sí misma era la causa directa de muerte y devastación.
Los profetas del Antiguo Testamento siguen este hilo ya que se refieren a la energía destructiva de lluvia utilizada en los juicios del Señor, que a menudo incluyen sequías y más tormentas torrenciales.
En esos relatos, no es lluvia en sí, pero la falta de ella que mata.
La idea es que la lluvia es una bendición del Señor, y la apostasía de la gente causó que la mano del Señor retuviera esa bendición sobre ellos. La bendición es tanto literal (es decir, la lluvia en sí misma) y figurativa (es decir, simbolizando la benevolencia y sosteniendo el poder de Dios).
En el nuevo testamento, Santiago, el hermano de Jesús, señala a sus lectores la imagen de un campesino a la espera de las lluvias tempranas y tardías para ilustrar la espera tanto para la bendición de Dios sobre sus hijos y su juicio sobre sus enemigos (Sant. 5:7).
Aquí en el mismo pasaje la dicotomía entre la bendición y el juicio vienen juntas, y vemos cómo estas dos fuerzas son un dispositivo de seguridad para cumplir la voluntad de Dios.
Las implicaciones literales y figurativas del significado de la lluvia se superponen en las escrituras, indicando bendición y juicio, abundancia que son verdades para el justo y el injusto.
La versatilidad del símbolo y de su papel en nuestras vidas, literalmente, es una metáfora apta para estos dos conceptos muy diferentes.
Los autores de los libros bíblicos sabiamente cuentan con ilustraciones y símbolos que vienen de la vida cotidiana para enseñarnos verdades de la vida, de Dios y de la naturaleza en nuestra relación con él.
¿Qué te parece?