El diablo que salió del espejo

El diablo que salió del espejo

18 Ago 2014 / ADM / INSÓLITO

“Él diablo que salió del espejo” grabado por las cámaras argentinas es conocido como el crimen de Saavedra, un caso de demonios y de psicosis colectiva que conmocionó Argentina y el mundo.

Dos hermanas asesinaron brutalmente a su padre, que se dejó hasta morir desangrado.

Silvina tenía 21 años, estudiaba en la Universidad de Buenos Aires y, de vez en cuando, hablaba con voz de hombre.

Ella era «el purificador»: «Tenemos que limpiar la casa, hay que construirla mejor». Iba a una academia de esoterismo, de que tenía que «ver más allá del diablo», comentó la idea de su depuración con su hermana mayor, Gabriela de 27 años, y con su padre, Juan Carlos Vázquez de 50 años.

Ella dejó de comer y de dormir. Y durante los días previos al asesinato todos ingirieron un té con sustancias alucinógenas y hasta un líquido utilizado para limpiar los suelos.

Todo por “la purificación” dicho con voz gruesa—por Silvina, que desde los 19 años era esquizofrénica, según los psiquiatras forenses que analizaron el caso, —su madre había muerto años antes.

Con su casa de dos plantas a oscuras del popular barrio de Saavedra de la capital, recubrieron sus ventanas con bolsas de basura negras.

Ahí pusieron “las condiciones” para saltar a otra dimensión. Y saltaron. Con el resultado de una muerte atroz, siendo la víctima el padre, mientras el sacrificio era grabado por un cámara de la televisión argentina.

Este es un caso de psicosis colectiva que pasaría a la historia como el “Crimen de Saavedra”. Ocurrió en la madrugada del 27 de Marzo del 2000, Silvina fue “desollando” a su padre vivo poco a poco con un cuchillo Tramontina.

Lo agarró de la cocina, justo después de que Juan Carlos rompiera de un puñetazo el espejo de la segunda planta. El golpe fue el momento del salto: “Está poseído”, dijo Silvina con su voz grave.

El reflejo de sus imágenes sobre ese espejo roto los transportó juntos a otra realidad. Con rezos y cánticos extraños en la casa “el ferretero”, como se lo conocía a Juan Carlos en el vecindario, se escuchó durante toda la noche.

Al final, uno de esos vecinos, alarmado por los gritos, llamó a la policía. Pero antes de los agentes llegó una cámara de la televisión que había escuchado la alerta por una frecuencia de radio interna.

Logró llegar a una terraza y colocó el visor en la rendija de una plancha de chapa que cubría el techo.

El vídeo se convirtió en “la prueba imparcial” del asesinato. Las espeluznantes imágenes, con la muerte en directo de Juan Carlos, nunca se hicieron públicas aunque algunos llegaron a verlas.

— “Váyanse de acá. Esto no es real. Ya le saqué el demonio a mi papá y ahora tengo que sacárselo a ella”, dijo Silvina gritando con voz de hombre a los policías que, con espanto, trataban de acercarse a la escena del crimen.

Siquiátricamente, fueron declaradas “inimputables”.

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