Sanando la Tierra

Cindy Jacobs – La Iniquidad

17 diciembre, 2013 | adm | Iglesia y Ministerio

Cindy Jacobs

Si alguien alaba y adora otros ídolos es considerado por Dios como alguien que lo odia.

A Dios no le importa si creemos que él existe o no.
Cuando muramos vamos a saberlo pero puede que sea demasiado tarde.
¿Qué significa que Dios visita la iniquidad de la tercera y cuarta generación? Iniquidad y pecado no son sinónimos, las diferencias.
El pecado no reformado conduce a la deformidad espiritual en la línea sanguínea.

«¿Qué es iniquidad según la Biblia?»

La Biblia usa palabras como iniquidad, transgresión y traspaso para indicar niveles de desobediencia a Dios. Se clasifican como «pecado». Miqueas 2:1 dice, «¡Ay de aquellos que planean la iniquidad, a los que trama el mal en sus camas! A la luz de la mañana lo llevan a cabo porque está en su poder hacerlo.»

La palabra hebrea usada más a menudo por «iniquidad» significa «culpabilidad digna de castigo.»

Iniquidad es pecado en su peor momento.

La iniquidad es premeditada, continua y creciente. Cuando coqueteamos con el pecado, caemos por la mentira que podemos controlarlo.

Pero como un monito bebé puede crecer hasta un primate salvaje, fuera de control, el pecado que parece pequeño e inofensivo en primer lugar puede tomar el control antes de que nos demos cuenta.

Cuando nos entregamos a un estilo de vida pecaminoso, estamos cometiendo iniquidad. El pecado se ha convertido en nuestro Dios, en lugar del Señor (Romanos 6:14).

Cuando nos damos cuenta que hemos pecado, tenemos una opción. Arrepentirnos. Cuando lo hacemos, encontramos el perdón y la limpieza de Dios (te limpiare; 1 Juan 1:9). O podemos endurecer nuestros corazones y profundizar en ese pecado hasta que nos defina.

Listas parciales de iniquidades figuran en Gálatas 5:19 – 21 y en 1 Corintios 6:9 – 10. Estos son pecados cuando una persona puede ser identificada por ese estilo de vida. Los salmistas distinguen entre pecado e iniquidad cuando piden perdón a Dios (Salmo 38:18; 51:2; 85:2).

Si seguimos eligiendo el pecado, endurecemos nuestros corazones hacia Dios. Un pecado lleva a otro, la iniquidad comienza a definir nuestras vidas, como lo hizo David cuando pecó con Betsabé (2 Samuel 11:3 – 4).

El pecado de la lujuria inicial dio lugar a un endurecimiento de su corazón, y profundizó su pecado. Cometió adulterio y luego mató al marido de Betsabé (versículos 14 – 15).

La iniquidad había asumido en la vida de David. Fue sólo cuando fue confrontado por el profeta Natán que él se arrepintió con gran tristeza.

Su grito sincero de perdón se detalla en el Salmo 51. El versículo 2 dice, «lava mi maldad y límpiame de mi pecado. David es una imagen de alguien que entiende claramente la progresión de la iniquidad y que experimentó la misericordia y el perdón de Dios (Salmo: 103:1 – 5).

La segunda mitad de Romanos 1 describe la progresión del pecado (versículos 10 – 32). El resultado final para aquellos con tal corazón endurecido es que Dios les voltea a una «mente reprobada» (verso 28, KJV), y ya no tienen el deseo o la capacidad para arrepentirse.

Réprobo significa «completamente depravado, no tienen en cuenta al mal hasta que la conciencia está insensible.» La escritura es clara que Dios perdona aun la iniquidad (Miqueas 7:18), pero si persistimos en ella, cosechamos la paga del pecado, que es la separación eterna de Dios (Romanos 6:23).

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