
Jesús Adrián Romero lee una carta muy triste que nos hace ver la necesidad de la fe y la confianza. Cómo enfrentamos y cerramos las situaciones difíciles de la vida, como enfrentamos las tragedias, el diagnóstico de una enfermedad incurable, la muerte de un ser querido, un divorcio que vino a romper muchos de nuestros sueños es importante para seguir viviendo.
Hay tantas historias hay tantas tragedias. Y aunque las historias sean diferentes y los personajes sean distintos, los sentimientos siempre son los mismos. La confusión, la impotencia, el resentimiento en contra de Dios a veces nos asalta.
Por lo menos un capítulo de su vida que le fue difícil de cerrar. Un capítulo que casi acabó con su vida. Y dice la carta: “Querido Jesús Adrián, tengo 26 años y hasta los 23 pensaba que mi vida era perfecta. A finales del año 96 mi padre enfermó y después de 7 meses el Señor quiso llevárselo con él.
No sabes cuánto extraño a mi viejo. Después de algún tiempo de haber fallecido mi padre, mi novia Mariela y yo pusimos fecha para casarnos y el Señor nos regaló lo más sublime y hermoso que creó en el mundo, el matrimonio.
Teniendo 25 años yo me sentía una persona completa, realizada. Mi novia Mariela era la mujer perfecta, dulce, delicada y excelente cristiana y persona.
Pero no sabía lo que más adelante vendría para mi vida. Soy fotógrafo de profesión y mi esposa aprendió el oficio de camarógrafo conmigo y empezamos a trabajar juntos.
La llevé urgentemente al hospital, nadie me decía lo que sucedía hasta que el doctor me explicó que mi esposa había sufrido un derrame cerebral.
Partió con el Señor. Se me salió el alma del cuerpo, quería irme con ella, para mí la vida ya no tenía sentido. Y los días posteriores comencé a desarrollar un resentimiento en contra de Dios.
Esto fue demasiado para mí. Mariela y yo teníamos la vida llena de ilusiones. Algunos regalos de nuestra boda no habían sido todavía abiertos.
Imagínate tal desprendimiento, no era digerible por cualquier lado que lo miraras. La angustia la lamentación y la impotencia se adueñaron de mí, por una semana no salí de mi habitación.
Largas horas pasaba mirando fotos nuestras hasta entrar en una depresión que me tuvo encerrado 4 meses…
Es un mensaje que toco mi vida porque vivo algo similar donde solo Dios puede salvar y tener misericordia de mi… Gracias Jesús en tus manos encomiendo mi causa.