Sanando la Tierra

Trata de Mujeres: “Ahora, Dios ha cuidado de mí”

14 diciembre, 2014 / adm / Insólito

Trata de Mujeres

Trata de Mujeres: “Ahora, Dios ha cuidado de mí” dijo una joven al escapar del tráfico sexual gracias a la moda en Londres.

El tráfico sexual es una industria criminal multimillonaria.

Es la esclavitud moderna. Pero una compañía de textiles en Londres ayuda a las víctimas de la industria sexual… Y lo hace gracias a la costura.

Sonagacchi es el distrito donde más se practica el sexo ilegal en Calcuta, India.

Cada día, son más de 10 mil mujeres que forman fila para vender sus cuerpos.

Algunas ingresaron al tráfico humano para alimentar a sus familias o porque la pobreza no les dejó otra opción.
Estas historias fueron las que cambiaron las vidas de las voluntarias Lady Natasha Rufus-Isaacs y Lavinia Brennan en 2009.

“Muchas chicas de barrios marginales venían a esta pequeña unidad de producción en las tardes, para evitar ser abusadas por los hombres en su aldea durante las tardes”, dijo Brennan.

“Les enseñábamos cómo coser y les mostrábamos los pasos básicos y fue a partir de allí que tuvimos la idea de establecer el negocio. Creo que fue inspirador, nos motivaba conocer sus historias y verlas experimentar la costura de primera mano”, indicó Rufus-Isaacs.

Y eso hicieron. Iniciando una marca de diseño ética que se dio a conocer en todo el mundo, en parte gracias a una cliente de alto perfil, Kate Middleton, la Duquesa de Cambridge.

Clientes de Beulah London buscan un traje que les haga verse y sentirse hermosas, y se van con una compra que marca la diferencia.
Entonces, decidimos empezar poco a poco y asociarnos con empresas que trabajan con mujeres traficadas, como Freeset”, comentó Brennan.

Se asociaron con la organización Freeset que trabaja para ayudar a mujeres de la India a escapar de la industria sexual. No solo les enseñan técnicas útiles, sino las animan también.

“Era una vida dolorosa en la fila. Había días donde ni comía. Ahora, Dios ha cuidado de mí, estoy mucho mejor”, relataba una empleada de Beulah London.

“He dejado la fila, tengo libertad. Puedo hablar con todos y puedo decirles que yo no pertenezco más allí”, dijo otra empleada de Beulah London.

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