Sanando la Tierra

Preciosa sangre – Cesar Darío

23 octubre, 2013 | adm | Tema sensible

Cesar Darío

A veces no nos fijamos lo que tuvo que sufrir nuestro Salvador por amor a nosotros y creemos que es un juego pero no lo es. Es algo que te determinara para siempre, te invito para que reflexiones y lo busques de todo corazón y que hermoso vivir por la eternidad con él que nos amó primero… piénsalo y toma una decisión.

El varón de dolores murió por nosotros, derramó su sangre para darnos la paz.

Su sangre nos purifica y nos redime. Preciosa sangre de un justo y santo. Fue despreciado y desechado, sufrió nuestras rebeliones.

¿Por qué Jesús derramó su sangre?

Cuando el Señor Jesucristo derramó su sangre, él pagó por nuestros pecados y delitos para que podamos ser salvos de la ira y que podamos conocer a Dios como nuestro padre. Todo lo que tenemos que hacer es arrepentirnos de nuestros pecados y creer en el Señor Jesucristo, que murió, fue sepultado y resucitó en el tercer día–y obedecer su Santa Palabra.

Al examinar las escrituras, vemos que Dios siempre ha requerido sangre para expiar el pecado del hombre. Bajo el Antiguo Testamento, se derramó la sangre de animales para expiar los pecados del hombre. Bajo el nuevo testamento, la sangre de Jesús fue derramada para expiar los pecados del hombre.

Israel continuamente derramó la sangre de las bestias, pero la sangre de las bestias no podían quitar pecados (Hebreos 10:4, 11)–es por eso que tuvieron que seguir sacrificándolos. A pesar de los sacrificios, los israelitas estaban siendo infieles a su Dios. Israel sacrificaba, pero la sangre de las bestias no podía hacerlos perfectos (Hebreos 10:1) o purgarlos de sus malos caminos.

En consecuencia, el sacerdocio levítico tenía que seguir ofreciendo sacrificios–no sólo para los pecados de la gente sino por sus propios pecados, que eran demasiados. Tuvieron que sacrificar una y otra vez, año a año. Se necesitaba un mejor sacrificio.

Cerca de 600 años antes de la venida del Señor Jesucristo, Dios le dijo a su pueblo, los hijos de Israel, que iba a hacer un nuevo pacto con ellos: El derramamiento de la sangre de los animales en el Antiguo Testamento era una imagen de lo que nuestro Señor y Salvador Jesucristo haría en el nuevo testamento.

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