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Sanando la Tierra

La prueba científica de que existe el alma

EE.UU.- De todas las experiencias cercanas a la muerte, el caso Pam Reynolds es la que más pruebas científicas aporta de que la conciencia sobrevive a la muerte, o dicho de otra manera, de que existe el espíritu.

Tras la confirmación de la muerte clínica, la mujer se encontró en un espacio del que hubiera deseado no tener que regresar.

El doctor Raymond Moody publicó su famoso libro «Vida después de la vida» (1973), que abrió el debate sobre la cuestión de las experiencias cercanas a la muerte.

Se han producido desde allí informes de dichas experiencias que aportan un atisbo sobre la realidad del más allá discutiendose si son meras alucinaciones de un cerebro moribundo.

Sin embargo, en 1991 tuvo lugar un caso de ECM que se considera el más importante de todos los acaecidos hasta el día de hoy.

Aporta pruebas concluyentes que permiten refutar la teoría de las alucinaciones, refuerzan la creencia en que la mente y el cerebro son “entes” distintos, e indican que la conciencia sobrevive a la muerte.

Es el caso de Pam Reynolds que se relata en el video que acompaña esta nota.

En otra publicación de World News Daily Report, investigadores alemanes logran comprobar que el alma subsiste después de la muerte.

Un equipo de psicólogos y médicos asociados con la Technische Universität de Berlín, han anunciado que habían comprobado por la experimentación clínica, la existencia de algún tipo de vida después de la muerte. Este sorprendente anuncio se basa en las conclusiones de un estudio usando un nuevo tipo de supervisión médica de experiencias cercanas a la muerte, que permiten a los pacientes estar clínicamente muertos durante casi 20 minutos antes de ser devueltos a la vida.

Este polémico proceso que se repitió en 944 voluntarios pasados cuatro años, exige una compleja mezcla de medicamentos como epinefrina y dimetiltriptamina, destinadas a permitir que el cuerpo sobreviva el estado de muerte clínica y el proceso de reanimación sin daño. El cuerpo del sujeto fue entonces puesto en un estado comatoso temporal inducido por una mezcla de otros medicamentos que tuvieron que ser filtrados por el ozono de la sangre durante el proceso de reanimación 18 minutos más tarde.

La duración extremadamente larga de la experiencia sólo recientemente ha sido posible por el desarrollo de una nueva máquina de recitación cardiopulmonar (RCP) llamada el AutoPulse. Este tipo de equipo ya se ha utilizado en los últimos años, para reanimar a personas que habían estado muertas entre 40 minutos a una hora.

El equipo de científicos liderados por el Dr. Berthold Ackermann, ha supervisado las operaciones y han recopilado testimonios de los sujetos. A pesar que existen pequeñas variaciones de individuo a individuo, todos tienen ciertos recuerdos de su período de muerte clínica. Y mayormente todos ellos describen sensaciones muy similares.

Las memorias más usuales dan cuenta de una sensación de separación del cuerpo, serenidad total, sensación de levitación, seguridad, calidez, la experiencia de la disolución absoluta y la presencia de una luz inmensa.

Los investigadores argumentan que están apercibidos de que muchas de sus conclusiones podrían agarrar por sorpresa a muchos, como el hecho de que las creencias religiosas de los diferentes sujetos parecen no haber sostenido ninguna incidencia, en las sensaciones y experiencias que describen al final del experimento. Cuentan en sus filas de hecho, a algunos voluntarios con una variedad de congregaciones y creencias cristianas, judías, musulmanas, hindúes y ateas.

«Somos conscientes que los resultados obtenidos podrían alterar la manera de creer de muchas personas», dice el señor Ackermann. Pero de cierta manera, hemos solamente respondido a una de las preguntas más grandes de la historia humana, así que espero que estas personas sean capaces de perdonarnos. Sí, hay vida después de la muerte y parece que esto se aplica a todo el mundo. »

Tit 1:2 en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos,

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