Sanando la Tierra

La oración que podría ayudar a tu productividad:

21 abril, 2016 | adm | Iglesia y Ministerio

La oración que podría ayudar a tu productividad:

Claire Musters comparte su experiencia de la oración que podría ayudar a tu productividad: ‘Dios, ordena mi día’, dice.

¿Alguna vez voló alrededor a la velocidad turbo, corriendo de una actividad a otra, pero todavía preguntándose cómo va a conseguir hacer todas esas cosas en su lista «para hacer» en el espacio del día? ¡24 horas parecen imposiblemente cortas, especialmente cuando se supone utilizar algunas de esas horas para el sueño!

Si es así, ¿cómo te hace sentir la invitación de Jesús en Mateo 11: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados ​​y agobiados, y yo os haré descansar. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. Porque mi yugo es suave y mi carga es ligera».

La primera vez que escribí sobre estos versos, y nuestra tendencia al activismo, en febrero. He dicho que la vida era como una madre trabajadora, a veces requiere que yo haga una loca carrera de una cosa sin relación a otra. Y así, cada vez que me he permitido ponerme demasiado agotada, puedo leer los versos de arriba y pensar: “¡Bueno! ¡Jesús obviamente nunca tuvo niños pequeños y trató de trabajar al mismo tiempo! »

Una reacción horrible, ¿verdad? Pero sé que no soy la única. Nuestra sociedad funciona a una velocidad de vértigo todo el tiempo, y la mayoría de nosotros lucha para mantenerse al día. Líderes de la iglesia se quejan de la forma en que no pueden conseguir suficientes voluntarios o sienten que no pueden esperar que sus miembros asistan a más reuniones porque están todos tan ocupados – y eso es exactamente lo que es la vida en el siglo 21.

¿Pero debería ser así? ¿Hay algo que podamos aprender y que nos ayude a navegar por las aguas fangosas un poco más claramente?

Me encanta el mensaje en el pasaje de Mateo puesto así:

«¿Está cansado desgastado quemado en la religión? Ahora ven conmigo y recuperarás tu vida te voy a mostrar cómo tomar un descanso real. Camina conmigo y trabaja conmigo…”.

¿Cómo lo hago? Aprende los ritmos no forzados de la gracia. No voy a ponerte un objeto pesado o mal ajustado en ti. Mantén la compañía conmigo y vas a aprender a vivir libre y ligero. »

«Aprende los ritmos no forzados de la gracia… Aprende a vivir libremente y ligeramente…» Mi corazón responde a esas frases porque las deseo. Como ya he mencionado en mi último artículo, puedo ser propensa a preocuparme. Esta misma semana, a pesar de que he estado practicando lo que voy a compartir más adelante, tuve un momento en el que todo se desplomó y yo, literalmente, sentí pánico creciente a través de mi cuerpo. Después de que todo se fundió (¡soy humana después de todo!), Me acordaba de lo que Dios me ha estado enseñando en los últimos meses.

La forma en que me ha estado invitando a aprender acerca de los ritmos de la gracia es a través de la utilización de una oración muy simple: «Dios por favor, ordena mi día’. Fue el año pasado que por primera vez que oí esta frase cuando un miembro de nuestro grupo pequeño compartió que ella lo ora cada mañana. Un par de nosotros se inspiró para empezar a hacer lo mismo, y lo hice durante bastantes semanas.

Pero en el paso del tiempo, lo recordé durante una discusión, y la lectura de algo similar en un libro, para darme cuenta de que había dejado de hacerlo.

Esta semana, he recogido el hábito de nuevo y esta vez he estado orando con mis hijos en el camino a la escuela, que ordene cada uno de nuestros días. Le he estado dando las gracias por el aliento que me ha dado toda la mañana (sí, incluso en esos días cuando mejor me hubiera quedado en la cama), y le he pedido que me enseñe mi ritmo.

He escrito sobre el concepto ‘una cosa’ antes, de tratar de ser consciente y abierto a lo inesperado que Dios podría poner en su actividad actual. Pero esta misma semana he leído en la perspectiva de otra persona en la que ‘una cosa’ podemos vivirla al paso de Dios lo que estamos haciendo y donde quiera que estemos. Lo que podemos pedir siguiente es, priorizar y dejar el resto de nuestras listas para hacer solo por ahora, confiando en que las cosas más importantes se lograrán.

Si le pedimos a Dios ordenar nuestros días, bien puede haber cosas que pensamos que eran importantes que él nos pide que dejemos de lado. Eso puede ser muy difícil – especialmente si tenemos nuestro sentido de culpa de hacer esas cosas.

Pero, ¿has pensado alguna vez que por agarrar algunas de esas actividades usted podría estar en realidad deteniendo a otra persona de entrar en el papel que Dios tiene para ellos – y, por tanto, puedes estar robando la bendición de ellos?

Puede ser un concepto extraño, pero en realidad creo que a medida que aprendemos a escuchar la forma que Dios nos pide llevar nuestros días, bien podemos encontrar que nuestras cargas se aclaran, mientras nos señala con suavidad todas las cosas que hemos realizado que él nunca nos pidió. ¿Por qué no darle una oportunidad?

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