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Marcelo Iriarte, que fue barrendero en Buenos Aires formará parte del área jurídica del banco.
El ex empleado de Cliba donde trabajó como barrendero durante varios años, dejó el uniforme que usaba para limpiar las calles por el traje de abogado para trabajar nada menos que en el imponente Banco Central de la República Argentina.
El demostró que personas que tienen más de 40 pueden realizar su sueño en la vida. Marcelo vive en un área apartada de la ciudad de Buenos Aires, Isidro Casanova. El no pudo cursar más que los estudios primarios porque debió salir a trabajar para ayudar a su mamá y a sus hermanos siendo muy joven.
El se esforzó para traer los recursos para su familia vendiendo caramelos, escobas y diarios sobre la Ruta 3, y también se subía al bus y vendía caramelos para sobrevivir.
Hasta que encontró a Laura, la pasajera habitual que encontraba en la línea 126 de colectivos, que lo animó para que siga estudiando y hasta lo anotó en el secundario. De ahí lo terminó y entró en la carrera de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, donde se especializó en derecho penal y donde recibió la licencia que lo habilita a ejercer.
Se despidió de sus ex compañeros barrenderos con estas palabras:
“Hoy me pongo el traje de lo que me formé y no es poca cosa para mí, después de tanto esfuerzo. Ustedes seguramente se acuerdan cuando iba a las marchas con los libros de Derecho o cuando en los momentos de descanso me tiraba a leer abajo de un árbol. Estoy cumpliendo mi sueño y les digo que si alguno de ustedes puede estudiar, vale la pena”.
Pero Iriarte no se despidió como amigo de ellos ya que volverá para darles ayuda legal.
El formará parte del área jurídica del Banco Central, una propuesta que eligió entre 12 ofertas. Como abogado ya le dicen doctor y su actitud lo demuestra diciendo: “Estudiar te da la libertad de pensar, de elegir y te crecen las alas. Ahora es mi momento de volar”.
Fuente: Clarín
Para los cristianos, Dios está en todo lo que es bueno. La actitud de Iriarte inspira a miles, rompiendo el molde del pensamiento que dice: "No se puede".
Mucha gente habla de lo bueno pero su hablar negativo y sus actitudes niegan sus dichos. Hay quienes ven a Dios como un Santa Claus que mágicamente le traerá sus deseos con solo cumplir con algún precepto bíblico como el diezmo y las ofrendas, no entendiendo que esta obediencia es beneficiosa solo cuando nuestra actitud de fe hacia la vida es diferente.
Hay cristianos que son poco prácticos, si ven por ejemplo a una persona como lo fue Marcelo vendiendo en la calle lo más que pueden hacer es decirle: "Confía en Dios" y le compran algún dulce sin darle realmente la llave de alguna puerta para abrir.
Yo no se qué creencias tenga Laura, la pasajera que le animó a seguir estudiando a Marcelo ya siendo este grande, pero le dio realmente una ayuda incalculable con el ánimo positivo (que es fe) al alentarlo y al inscribirlo para que siga estudiando.
Solo un consejo adecuado en el momento preciso puede hacer mucho bien.
Los que creemos y tenemos la Palabra de Dios deberíamos ser instrumento de inspiración para la salvación y el mejoramiento de la condición humana.
El consejo de una humilde sierva cambió una nación:
Naamán, general del ejército del rey de Siria, era varón grande delante de su señor, y lo tenía en alta estima, porque por medio de él había dado Jehová salvación a Siria. Era este hombre valeroso en extremo, pero leproso.
2Re 5:2 Y de Siria habían salido bandas armadas, y habían llevado cautiva de la tierra de Israel a una muchacha, la cual servía a la mujer de Naamán.
2Re 5:3 Esta dijo a su señora: Si rogase mi señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra.
2Re 5:4 Entrando Naamán a su señor, le relató diciendo: Así y así ha dicho una muchacha que es de la tierra de Israel.
2Re 5:5 Y le dijo el rey de Siria: Anda, ve, y yo enviaré cartas al rey de Israel. Salió, pues, él, llevando consigo diez talentos de plata, y seis mil piezas de oro, y diez mudas de vestidos.
2Re 5:6 Tomó también cartas para el rey de Israel, que decían así: Cuando lleguen a ti estas cartas, sabe por ellas que yo envío a ti mi siervo Naamán, para que lo sanes de su lepra.