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Es mas, pensaban que deterioraba el estado general del ser humano.
Este pensamiento tenía sus bases verdaderas.
El hombre religioso de la civilización occidental y cristiana, estaba sumergido en épocas pasadas en el pensamiento fatalista que el sufrir y padecer en el cuerpo físico y el experimentar el dolor, le llevaba a un mérito delante de Dios y de alguna manera le ayudaba a redimir sus pecados.
Muchos morían jóvenes por la falta de cuidado y el pensamiento era que "morír era mejor porque saldrían de esta vida de dolor"
La iglesia en general ayudó a forjar este pensamiento por su errada Teología y por la manipulación, que como hoy de otra manera, algunos hacen por conveniencia.
Pero el despertar cristiano del último siglo trajo el sentir que Dios, siendo un Dios Bueno, no desea que el hombre sufra innecesariamente.
En Jeremías 29:11 nos dice: "Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis"
Cuando el hombre empezó a entender que Dios quería el bien para él, las cosas comenzaron a cambiar. Ya sea por el resultado de la fe directa en la Palabra de Dios, o por el resultado de buscar, experimentar, y sembrar lo buenos principios.
A tal motivo se han hecho varios estudios al respecto del beneficio de la fe en la salud, como ser, (Fernández-Ríos y García-Fernández, 2000), el fomento del estado de ánimo más positivo (de Miguel, 1994), la satisfacción hacia la vida (de Miguel, 1996), la menor probabilidad de implicarse en la conducta de fumar (de Miguel, 1994) y la recuperación ante el alcoholismo (Vaillant, 1995) para mencionar solo algunos entre muchos otros.
Los estudios mostraron los beneficios en la intercesión a favor de los enfermos, el beneficio contra la depresión, la ayuda en el apoyo social, también en la mejor conciencia de cuidar el cuerpo (alimentación, descanso, ejercicio), la mejora en la salud mental, la prolongación de la vida, la ayuda en la mejor interpretación y manejo a las situaciones difíciles de la vida.
También se ha mostrado como ayuda al control de las adiciones y al sistema inmunológico.
El apoyo e interacción de los hermanos en la fé es altamente beneficioso para la memoria y el stress. Por último, sin abundar en muchos otros beneficios, está en la esperanza del que cree, que hace que la persona sea mas feliz. Los que creemos decimos, Amén.