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¿Sabía también usted Que Lionel Messi, sufría una condición de deficiencia hormonal y que medía poco más de 1,40 m de altura a los 13 años? Esta enfermedad retrasó su crecimiento y únicamente su condición podía ser mejorada con el tratamiento de una hormona elaborada.
Messi creció en Rosario, Argentina y jugó desde el año 1994 hasta el 2000 en el Newell’s de esa ciudad y pasó brevemente por el River Plate de la ciudad de Buenos Aires.
Los clubes de Argentina no se hicieron cargo del tratamiento médico, que costaba en ese tiempo unos 1000 dólares mensuales, emigró entonces a España donde los directivos del club Barcelona le ofrecieron a la familia Messi hacerse cargo del costoso tratamiento con la hormona de crecimiento humano.
Después de algunos años de recibir diariamente 2 inyecciones de esa hormona, él logró crecer 23 centímetros de estatura.
Hoy día Messi es considerado uno de los grandes jugadores del mundo, moviendo millones de euros en contratos en la promoción de zapatos, televisores, yogurt, sodas ropa, etc. El Barcelona tuvo certerísimo tino en invertir en alguien que tantas satisfacciones regaló al fútbol europeo.
Desde el punto de vista cristiano, esta experiencia que sufrió este futbolista nos deja muchas enseñanzas.
Debemos entender que los principios expuestos en la Biblia funcionan en todo lugar y no solamente dentro de las cuatro paredes de los templo de las iglesias. Cuando alguien guarda cualquier consejo bíblico, aunque esta persona pueda llegar a decirse atea, se beneficiará de sus resultados.
Si alguien no es cristiano, por ejemplo y honra a sus padres, hace justicia no se mete en deudas, etc le alcanzarán los resultados de sus actitudes correctas. Asimismo si un cristiano, que conoce su destino eterno no sigue los consejos bíblicos, sufrirá asimismo las consecuencias negativas de sus hechos.
Prestemos atención al relato del profeta Eliseo:
2 Reyes 4:8 Aconteció también que un día pasaba Eliseo por Sunem; y había allí una mujer importante, que le invitaba insistentemente a que comiese; y cuando él pasaba por allí, venía a la casa de ella a comer.
4:9 Y ella dijo a su marido: He aquí ahora, yo entiendo que éste que siempre pasa por nuestra casa, es varón santo de Dios.
4:10 Yo te ruego que hagamos un pequeño aposento de paredes, y pongamos allí cama, mesa, silla y candelero, para que cuando él viniere a nosotros, se quede en él.
4:13 Dijo él entonces a Giezi: Dile: He aquí tú has estado solícita por nosotros con todo este esmero; ¿qué quieres que haga por ti? ¿Necesitas que hable por ti al rey, o al general del ejército? Y ella respondió: Yo habito en medio de mi pueblo.
4:14 Y él dijo:¿Qué, pues, haremos por ella? Y Giezi respondió: He aquí que ella no tiene hijo, y su marido es viejo.
4:15 Dijo entonces: Llámala. Y él la llamó, y ella se paró a la puerta.
4:16 Y él le dijo: El año que viene, por este tiempo, abrazarás un hijo. Y ella dijo: No, señor mío, varón de Dios, no hagas burla de tu sierva.
4:17 Mas la mujer concibió, y dio a luz un hijo el año siguiente, en el tiempo que Eliseo le había dicho.
Vemos aquí que la actitud de buena siembra hacia el profeta, en un momento dio fruto a favor de la mujer Sunamita.
Asimismo cuando cualquiera ayuda a alguien aún no sabiendo si lo que invierte a favor de la persona lo recuperará de alguna manera, siempre la actitud abierta(aún en el caso del mundo) suele tener fruto.
Ecl 11:1 Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás.
Ecl 11:2 Reparte a siete, y aun a ocho; porque no sabes el mal que vendrá sobre la tierra.
Ecl 11:3 Si las nubes fueren llenas de agua, sobre la tierra la derramarán; y si el árbol cayere al sur, o al norte, en el lugar que el árbol cayere, allí quedará.
Ecl 11:4 El que al viento observa, no sembrará; y el que mira a las nubes, no segará.
Ecl 11:5 Como tú no sabes cuál es el camino del viento, o cómo crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta, así ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas.
Ecl 11:6 Por la mañana siembra tu semilla, y a la tarde no dejes reposar tu mano; porque no sabes cuál es lo mejor, si esto o aquello, o si lo uno y lo otro es igualmente bueno.
Sembremos lo bueno siempre que podamos en todo lugar y en todo tiempo.