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En el Massachusetts Institute of Technology aplicaron un campo magnético a algunos participantes del experimento y les sumi_nistraron un cuestionario que planteaba el carácter moral de las acciones de algunos individuos, y claramente se pudo comprobar la pérdida del juicio moral en estos.
Sabemos que el medio ambiente, la música, las drogas y el alcohol pueden ejercer una influencia parecida.
Como Cristianos creemos que la persona ejerce su voluntad a someterse o no, a este tipo de influencias externas.
Pero la Palabra de Dios nos dice que la raíz del problema moral del hombre es su corazón:
Jer 17:9 Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?
El cerebro es un instrumento donde ejerce el razonamiento del sentir del corazón. Este puede estar bloqueado o desviado de su equilibrada percepción por variadas circunstancias. Podríamos decir que de alguna manera el cerebro físico y el sentir del corazón forman la mente.
La Palabra dice que el diablo trata de cegar nuestro entendimiento y que la causa de la ceguera es la incredulidad:
2Co 4:4 en los cuales el dios de este mundo ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios.
Se puede dar un ejemplo de cómo el corazón funciona con el cerebro físico en una persona que, queriendo matar a otra con un revólver no lo puede hacer porque no tiene una parte de su persona funcionando como ser, tener las manos paralizadas. Si una persona tiene las manos paralizadas y no puede cometer un crímen, esto no la excluye de la culpabilidad delante de Dios.
Algunos artículos científicos tratan de excluír de la responsabilidad de la culpa del hombre, achacandole la responsabilidad a alún defecto o circunstancia física externa al homre.
El ser cuidadosos de nuestras percepciones es una responsabilidad que depende de nosotros.
Nuestra mente es un claro objetivo del enemigo, y la Palabra de Dios nos encomienda cuidarla y renovarla.
Efe 4:23 y renovaos en el espíritu de vuestra mente
También aclara que es una decisión de nuestra voluntad el renovar nuestra mente:
Rom 12:2 Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente.