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En estos estudios dice que las personas con menos recursos gozan de menos salud que los más pudientes.
En las sociedades modernas la falta de dinero lleva a un stress crónico. La persona con stress no piensa en cuidar su salud, en comer sano ni en dejar de fumar, ni en la necesidad de hacer ejercicio físico o bajar de peso.
Las necesidades diarias ocupan toda la atención, sumandose el comer compulsivamente y comer comidas no saludables. Estas conclusiones concuerdan con el sentido común de todos nosotros.
En Houston, en el Hospital del condado de Harris, en el servicio telefónico de citas, pasan de forma automática el consejo para los que están pasando problemas económicos, en ellos aclaran que el stress les puede hacer de subir de peso y le orientan a comer saludablemente.
Otros eféctos que produce el stress en el sistema nervioso y en la fisiología corporal son que aumentan la posibilidad de trastornos metabólicos aumentando el riesgo de diabetes y otras enfermedades.
Podríamos decir desde el punto de vista espiritual, que la confianza en Dios evita el estar obsesionado con la escasés material.
Si creemos lo que dijo el Señor en Heb 13:5 "No te dejaré ni te abandonaré", podemos confiar en Su ayuda para todas las necesidades esenciales.
La pobreza no es una bendición de Dios, tampoco lo es la riqueza impía. El quiere que tengamos en todas las cosas todo lo suficiente para que seamos de bendición a nosotros mismos y nuestros hijos.
Cuando tenemos lo suficiente y tenemos conciencia de cuidar nuestra salud, no seremos carga en el futuro para la comunidad y para nuestros hijos.
Al cuidarnos y confiar en Dios tendremos menos enfermedades y por lo tanto los seguros médicos tendrán que gastar menos en nosotros. Y como consecuencia habrá menos impuestos y cargas para otros.