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El deporte como instrumento de paz

El apartheid fue una serie de actos de racismo practicado en Sudáfrica durante muchos años donde fueron separados discriminativamente blancos y negros.
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Nelson Mandela fue uno de los pocos visionarios que vio que se podía solucionar la división de manera pacífica a través del deporte. Así no dejó escapar la oportunidad que implicaba el Mundial de Rugby de 1995.

A solo un año después de ser elegido primer Presidente democrático del país, el líder negro utilizó el deporte emblema de los blancos como vehículo de reconciliación con los de raza negra.

“Mientras los blancos son fanáticos del rugby, la mayoría negra quiere el fútbol...” Se dijo.

Todo lo que hacían los blancos se distinguía de lo que hacían los negros, siendo los blancos un 10% de la población, tenía controlados y sometidos a la mayoría negra.

En el tiempo del “apartheid”, los negros no querían saber nada de lo que hacía los blancos incluido su deporte preferido, el Rugby.

El Mundial de Rugby de 1995 fue utilizado por el nuevo régimen democrático como elemento de unión entre dos bandos irreconciliables hasta ese momento.

Después de la liberación de Mandela, los sudafricanos organizaron en 1995 el Mundial de Rugby en Sudáfrica.

A pesar de organizar el mundial en su territorio los participantes del Rugby blanco seguían siendo un símbolo de la segregación para la mayoría. Llegando al punto que en el principio del torneo los negros eran hinchas y partidarios de un equipo extranjero, los “All Blacks” neozelandeses.

Mandela desde un año atrás ocupaba el palacio presidencial. Tan sólo él vio el potencial que tenía aquel campeonato para la reconciliación.

El convenció a un equipo repleto de jugadores blancos de rugby, donde sólo el mestizo Chester Williams rompía la monotonía, de cantar antes de los partidos, una canción propia del movimiento de liberación negro. Por esta actitud ejemplar Mandela acabó vitoreado en la final del Mundial por un estadio repleto de blancos.

“¡Nelson, Nelson!”, cantaron al unísono los 62 mil espectadores de Ellis Park, en Johannesburgo, el 24 de junio de 1995, mientras el líder negro, enfundado en la hasta entonces odiada camiseta verde de los jugadores de Rugby blancos, entregaba la copa de campeones al capitán François Pienaar.

Para entonces, casi toda la Sudáfrica negra respaldaba ya a la selección de rugby.

“Gracias por lo que han hecho por nuestro país”, dijo entonces Mandela a Pienaar. “Gracias por lo que hizo usted por nosotros”, le contestó el rugbier.

Aquel campeonato mundial fue un ejercicio de redención, por un lado, y de generosidad, por el otro. “La mayoría negra debería haber exigido a gritos la venganza y, sin embargo, siguiendo el ejemplo de Mandela, dio al mundo una lección de inteligencia y capacidad de perdonar”, escribió el periodista John Carlin, en cuyo libro está basada la película “Invictus”.

"La actitud y la sabiduría de los líderes crean una senda para que otros la puedan seguir. Los cristianos debemos aprender de este tipo de conductas generosas y sin resentimientos, sin partidismos denominacionales, para poder ser ejemplos a un mundo que desesperadamente necesita de pacificadores"

Mateo 5:9 Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.