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Las compras y la infelicidad

Un estudio hecho en la Universidad de Conrell en los Estados Unidos ha demostrado que el comprar cosas no nos hace tan hacen felices como las experiencias que disfrutamos.
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1Ti 6:17 A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos.

Ya la Biblia nos expresa que poner la esperanza en las riquezas no es bueno. Lo que podamos adquirir y tener bajo nuestro control, no nos traerá necesariamente la verdadera felicidad. Pero dice también que el propósito de las cosas es para que las podamos disfrutar.

Enseguida que tenemos algo nos acostumbramos y nos cansamos pronto de tenerlo, surgiendo rápidamente las comparaciones de los que tienen más o pensar que podríamos tener algo diferente a lo que ahora nosotros tenemos, es lo que nos da a entender este estudio.

Las razones que estarían detrás de esto serían que la búsqueda de la felicidad se encuentra más en nuestras vivencias que en los objetos materiales que podamos adquirir.

Según los científicos, los bienes adquiridos dejan de satisfacernos pronto dando lugar a las continuas comparaciones que se hacen con los bienes de otros y, también, por nuestra capacidad de adaptación, que hace que enseguida nos acostumbremos a lo nuevo. Por el contrario, la satisfacción de las experiencias permanece más en la mente y emociones de las personas.

La experiencias vividas con la familia disfrutando juegos, hacer deportes, interactuar socialmente con otros. Y especialmente en nuestra experiencia cristiana al adorar a Dios ó el hacer bien a alguien, no se compara a la satisfacción corta que da comprar alguna cosa.

Otras personas que se sienten vacías por dentro, o tienen problemas no resueltos, (algunos de estos siendo cristianos), tratan de compensar la angustia saliendo al Shopping y comprando así compulsivamente. Cosa que como una droga se torna como un vicio que se debe volver a experimentar continuamente.

En varios estudios distintos los investigadores, constataron en el primero que los participantes se sentían menos satisfechos con sus adquisiciones materiales porque tendían más a pensar en las opciones que otros habían escogido, y que ellos mismos podrían haber escogido también.

En otro estudio demostró que los participantes buscaban el mayor rendimiento cuando elegían algo trayendo a sus vidas más bien preocupación. Cuando hablaban de sus experiencias, por el contrario, la satisfacción estaba envuelta en el proceso.

Otro de ellos comprobó que los participantes examinaban más lo que no habían comprado que las experiencias positivas.

Finalmente la satisfacción de los participantes se vio reducida por las comparaciones con otras opciones disponibles, con las mismas opciones a distintos precios, y con otras opciones escogidas por otros participantes.

También desde nuestro punto de vista, la presión informática de instar a la compra, junto con el mensaje intrínseco que dice: "Si compro soy alguien, si no compro no soy nadie" crea una forma de vida basada en suplementar el 'yo' y en el SER y no en desarrollar los potenciales de la persona.

La Palabra de Dios lo dice claramente:

1Jn 2:15 No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.

1Jn 2:16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.

1Jn 2:17 Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

Los deseos de ser, los deseos de tener, los deseos de satisfacer los placeres bajos, no son de Dios. La próxima vez que vayamos comprar, pensemos: ¿Esto que voy a comprar sirve para el disfrute mío y de mi familia o terminara arrumbado en alguna esquina sin que nadie al poco tiempo le de importancia?

El dinero no es malo si se usa bien. Usarlo con prudencia es usarlo para buenas cosas. Cosas que nos desarrollen espiritualmente y como personas.