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¿Sabía usted? Supersticiones

Las supersticiones.
Supersticiones
Supersticiones

El Maleficio Menstrual

La sangre menstrual era considerada como maléfica, la consideraban en la antigüedad y hasta el día de hoy como venenosa e impura.

Encierros femeninos y reclusión.

Como ejemplo de la reclusión en los tiempos menstruales de la mujer están los Indios mondurucus (Brasil), los falasha de Etiopía, llamados judíos negros que disponen en sus poblados de unas casas especiales llamadas "casas de la sangre" o, más significativamente, "casas de la maldición".

Diversas tribus del Camerún pintaban a la mujer de rojo durante su regla siendo una advertencia visible de su estado menstrual maldito.

Las encerraban en una choza oscura lejos del poblado, dándole de comer y beber a través de un tubo hecho con el hueso del ala de un águila de cabeza blanca y tratándolas como si fueran enfermas contagiosas.

Tribus de la Hehe, en Tanganica, los koniaks de Alaska, o las wafiomi de África son otros ejemplos.

En la antigüedad el Talmud (Libro que escribieron los rabinos judíos durante los siglos II a.C. - IV d.C.), compilaron la tradición judía, si una mujer está iniciando sus reglas y pasa entre dos hombres, está condenando a muerte a uno de ellos, pero si por el contrario la mujer está terminando de reglar, hará que los dos hombres se querellen.

Plinio el Viejo (23-79 a.C.) también enumeraba, en su Naturalis historia, los peligros de la mujer menstruante: puede cambiar el vino en vinagre, romper los espejos, estropear el hierro y el cuero, nublar los cielos, volver estériles los campos, hacer caer las frutas de los árboles, matar las abejas y abortar a los animales.

Algunas creencias similares sobre la malignidad de la sangre menstrual se difundieron ampliamente en Europa durante el siglo XIII y algunas persisten en la tradición hasta el día de hoy.

Se creía que impedía germinar los cereales y agriaba los mostos; también era capaz de empañar los espejos, embotar las navajas, hacer que el hierro fuera atacado por el orín, que los objetos de bronce se ennegrecieran, y además se decía que tenía la propiedad de disolver la cola de betún.

También se decía que la proximidad de la reglante haría que se estropeara la masa del pan, que no se ligara la pasta de buñuelos y rosquillas, que creciera el hollín en las calderas, que se marchitaran las flores y que huyeran las abejas de las colmenas.

Además, era convencimiento general que los enfermos empeorarían si se les acercaba una mujer reglante.

Se decía también que el contacto directo con la sangre podrían morir las plantas y los árboles perderían sus frutos, además, si los perros la lamían contraerían la rabia con toda seguridad.

En España, especialmente, era creencia muy extendida que la mujer durante la regla era capaz de provocar con sus ojos acciones maléficas por infección; en Argamasilla de Alba y otros pueblos castellanos era habitual pensar que si una mujer menstruante miraba o tocaba a un niño, le produciría el "Mal de Ojo".

En este país, a causa de que estas supersticiones y otras muchas no eran debidamente desmentidas por las autoridades religiosas, crearon resentimiento hacía la iglesia profesante.

El supuesto efecto maligno de la sangre menstrual llevó indefectiblemente a los europeos a establecer también una serie de prohibiciones y prescripciones sociales que afectaban directamente a las mujeres reglantes.

Sin necesidad de extendernos más, diremos que en el Concilio de Nicea se prohibió la entrada en las iglesias a las mujeres que estuvieran reglando.

También llegaron a desarrollarse toda una serie de complejas supersticiones alrededor de este tema. En Alemania se creyó hasta el siglo XVIII que un pelo del pubis de una mujer reglante mezclado con su sangre menstrual, si se dejaba en un estercolero, al cabo de un año se convertiría en una serpiente o daría lugar a la aparición de animales dañinos y venenosos.

También era común creer que si los niños eran engendrados durante el período de la regla serían pelirrojos, viciosos por naturaleza y con alto riesgo de verse afectados por la lepra; para otras personas, los hijos concebidos durante la regla serían deformes y monstruosos, mientras que las niñas serían estériles al no tener nunca sus periodos.

Las supersticiones sobre la regla se han extendido y adaptado a los tiempos de forma constante. Los espiritistas clásicos de finales del siglo XIX y principios del XX también decían que se impedía el fenómeno de las mesas giratorias si alguna mujer menstruante estaba incluida en el círculo mediúmnico.

Todavía en la actualidad perdura la creencia de que las mujeres que están menstruando no deben tocar las plantas pues podrían marchitarse o que durante la regla no se debe hacer salsa mayonesa pues se cortaría y se estropearía; incluso hay quien piensa que las mujeres menstruantes, por bien de su salud, no deben lavarse la cabeza ni tomar alimentos o bebidas frías mientras les dure la hemorragia...

Se llegó al extremo de crear pociones y brebajes brujeriles y otras muchas supercherías que sería interminable nombrar.

Pero lo triste es que en muchos ambientes cristianos, aunque parezca increíble, las mujeres hasta hoy en día viven acusadas, atormentadas y se esconden, porque creen que la Biblia las maldice cuando pasan por este proceso natural.

Algunos de los textos que mencionan la inmundicia de la mujer son por ejemplo: Lev 12:2 Habla a los hijos de Israel y diles: La mujer cuando conciba y dé a luz varón, será inmunda siete días; conforme a los días de su menstruación será inmunda., También en: Lev 15:19 Cuando la mujer tuviere flujo de sangre, y su flujo fuere en su cuerpo, siete días estará apartada; y cualquiera que la tocare será inmundo hasta la noche.

En los días antiguos no existían la higiene y profilaxis del día de hoy y siendo la sangre un elemento de alta posibilidad del traspaso de infecciones, esta ley ceremonial tenía sentido espiritual y práctico. Cuando el pecado entró en la vida del ser humano, también entró en su conciencia la culpa.

Cuando Adán y Eva pecaron se hicieron vestidos de hojas pero esto no le servía para cubrir la culpabilidad.

Entendiendo Dios que solo un sacrificio de alguien inocente podría compensar el cargo de conciencia.Por eso vino Cristo para saciar la justicia de Dios y definitivamente limpiar la culpa y la mala conciencia del hombre.

Por eso en la visión en la casa de Cornelio Dios le dijo sobre los animales inmundos, "mata y come", porque lo que Dios limpió no lo podía llamar ya común o inmundo.

Generalmente todas las supersticiones tienen algún elemento que dispara algún complejo ó culpa y/o miedo al castigo. Se le atribuye a un libro escrito por Salomón el relato del temor de los egipcios que según él, ellos tenían temor a los insectos y miedos y supersticiones ridículos que eran causa de su mala conciencia.

A muchos líderes religiosos les encanta todo tipo de superstición cristiana, creyendo que la proclamación de estas le da mayor autoridad espiritual.

Porque se dieron cuenta que mantienen una supremacía sobre la voluntad de las personas llegando a manipularlas y controlarlas por el temor de las mismas. Esto sucede muchas veces de manera subconsciente.

Hermanos, huyamos de toda superchería y del legalismo ceremonial de algunas creencias, porque Cristo nuestra vida, nos libró y limpió con su sangre absolutamente de todo lo que tenía que limpiar.