SUSCRIBETE AQUÍ
Para recibir "Palabras del Cielo", todos los días en tu email gratuitamente!

 

Compártelo:

   

Comidas romanas en tiempo del apóstol Pablo

Muchos tienen curiosidad por saber qué tipo de comidas existía en el...
Comidas Romanas
Comidas Romanas

...tiempo de personajes bíblicos como el apóstol Pablo. Pablo era ciudadano romano de nacimiento y estaba habituado a conocer las costumbres del imperio en cuanto a sus leyes y maneras comerciales y porque no, a saber que comidas eran las preferidas cuando estuvo en Roma.

Se dice que hubo una comunidad judía desde prácticamente el tiempo del apóstol en la misma ciudad con una especie de restaurant donde usarían comidas a la usanza judía típo Kosher.

Este lugar estaría en lo que hoy se llama El Gueto Judío, donde la presencia de los judíos estaría confirmada desde el siglo II a.C., donde vivieron allí con bastante libertad hasta que el Papa Pablo IV, en 1556, obligó a la comunidad hebraica a vivir dentro de las murallas del Gueto.

Roma era la ciudad del imperio más poderoso de la tierra de tal manera como lo es hoy una ciudad comercial y cosmopolita como New York, que comercializaba con productos de la propia tierra y de las lejanas zonas orientales donde adquirían los productos que necesitaban.

Por ejemplo en España se conseguía la salmuera con la que se sazonaban los huevos, de Galia los embutidos, de Oriente las especias, los limones Africanos, los dátiles y las ciruelas, etc.

También se abastecían de las explotaciones agrícolas de su propia región, una de las más importantes sin dudas fue la Isla de Sicilia convirtiéndose en el "granero de Roma" y por la que tuvieron que luchar para mantenerse a salvo de los piratas.

La misma Italia proporcionaba las aceitunas, el vino, el aceite, la fruta, el queso y las carnes que necesitaban, asimismo la pesca en el Mediterráneo proporcionaba el abastecimiento de pescado y marisco.

Por los escritos de la época debemos pensar que la dieta de un romano se basaba principalmente en pan, aceitunas, queso y frutos secos, a los que comía a lo largo del día y no de una manera exagerada en el común del pueblo.

Se conocían tres comidas al día: el jentaculum, el prandium y la cenae, como era una comunidad activa por ser una gran ciudad como lo son hoy las grandes metrópolis, la mayoría de los romanos se saltaban alguna de las dos primeras, siendo la principal la Cena, en ésta se fomentaban los lazos fraternales y se disfrutaba ya fuera de la hora del trabajo, estas eran las horas de más trabajo de los cocineros y/o esclavos.

Los entremeses constaban de aceitunas de diferentes variedades, ensaladas, huevos, salchichas, ciruelas de Damasco, etc.

Los entrantes eran: riñones, cabritos, langostas, buey, cochinillos, capones, liebres, todo ello aderezado con salsas picantes o dulces.

Los asados eran: de cerdos rellenos con salchichas, o morcillas, terneros, etc.

Los postres eran: pasteles de frutos secos (pistachos, nueces, avellanas, almendras), y fruta variada.

Bebían generalmente después de la cena y no bebían mientras comían, pues consideraban que el sabor dejado por el vino desvirtuaba los diferentes sabores de la comida y durante ella no era extraño encontrar a los invitados provocándose el vómito para seguir bebiendo y comiendo.

El ientaculum se correspondía con lo que hoy es el desayuno, hay que tener en cuenta que el romano se levantaba muy pronto por lo que no era normal hacer comidas abundantes, por lo general eran bastante simples y casi siempre tomadas de pie, consistían de un pan untado con ajo o sal o sin untar, acompañados de un pedazo de queso.

El prandium era el almuerzo para nosotros y una de las comidas que los romanos se saltaban habitualmente. Esta consistía en una dieta a base de pan, carne fría, verduras y fruta acompañada con vino, pero todo ello en cantidades moderadas.

La cena romana se producía después del baño al término de la hora Octava o Nona; en ella los romanos tomaban verduras como entrantes en forma de ensaladas o la plancha, y carne roja o blanca o pescado:, que podían estar aromatizados con hierbas a la plancha aderezada con habas, coles, espárragos, etc., Los pescados eran los de la época del año como sardinas, pez espada, etc. Finalizaban con los postres que solían ser frutas de temporada: uvas, manzanas, peras, etc.

Es importante aclarar que los romanos no bebían mientras comían, pues consideraban que el sabor dejado por el vino desvirtuaba los diferentes gustos para los platos de la cena, por lo que su consumo se posponía hasta llegados los postres o finalizados estos, cuando estaban saturados de comida y en la hora de las largas conversaciones entre los invitados.

Ejemplo de un menú que se sirvió en el banquete de toma de posesión de un cargo público, en Roma, en el siglo I a. C.:

Los entremeses consistieron en un retablo de erizos de mar, ostras frescas a discreción, dos clases de almejas, tordos con espárragos, gallinas cebadas, pastel de ostras y mariscos y bellotas de mar blanca y negra. Luego venían diversos platos de marisco, pequeños pajarillos (papa, hígos y hortelanos), riñones de ciervo y jabalí y aves empanadas.

Los grandes platos eran pecho de cerdo, pastel de lo mismo, diversos pasteles de jabalí y de pescado preparados con diversas sazones, liebres y aves asadas. El texto no habla de los postres pero sabemos que Julio César estuvo presente.

Los famosos banquetes opíparos se conocen por las familias de elite romanas, donde por ejemplo los invitados pasaban a la zona del comedor triclinium, llamado así por los bancos que se utilizaban para estirarse los comensales, ya que no eran utilizados como en la actualidad las mesas y las sillas, sino que se recostaban sobre su brazo izquierdo, y se descalzaban los pies.

Los invitados bordeaban la mesa cuadrada que se ubicaba en el centro de la sala, según orden de preferencia del anfitrión, presentados previamente por el esclavo nomenclator, seguidamente venía la presentación de los platos que eran como mínimo de 7 variedades: los entremeses, tres entradas, dos asados y el postre.

Romanos 14:17 porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.