Sanando la Tierra

El sufrimiento cambia nuestra imagen de Dios

18 febrero, 2015 | adm | Iglesia y Ministerio

C. S. Lewis

El mayor apologista cristiano del siglo veinte, C. S. Lewis habla del propósito del sufrimiento.

La presencia del mal y el sufrimiento es un argumento clave en contra de la existencia de Dios según un post del Hufftington Post.

Lewis no rehuía el mal o el sufrimiento, no presentaba una defensa, al estilo de los filósofos Alvin Plantinga o Ric Machuga, de cómo armar un Dios todo-bueno, que todo lo sabe y todo poderoso aunándolo con la existencia del mal.

La intención de Lewis, aunque filosóficamente informado, era más práctica: ¿Cómo es que el sufrimiento nos forma?

En segundo lugar – y esto nos acerca al tema que nos ocupa – Lewis está haciendo una reflexión basada teológicamente.

Sólo funciona si Dios es nuestro mayor bien.

Después de haber ofrecido esas observaciones iniciales, Lewis presentó al menos tres propósitos principales para el sufrimiento:

El sufrimiento nos puede llevar a la humildad. «puede» aquí porque el sufrimiento puede también conducirnos a la rebelión.

Lewis afirmó que el dolor es el ‘megáfono’ de Dios para despertar a un mundo sordo, pero se apresuró a añadir,

«No hay duda que el Dolor es como el megáfono de Dios -un instrumento- que nos puede llevar también a la rebelión final sin arrepentimiento.»

Según Lewis, una manera en que Dios nos llama la atención es a través del dolor donde llegamos a ser humildes y menos autosuficientes.

Ya no es que todo nos va bien a causa de nuestros propios esfuerzos, lo que nos lleva a un lugar donde podemos encontrar nuestro contentamiento en Dios. ¿Es importante para Dios, porque Dios se enorgullece de nuestra humildad? Lewis responde:

«No debemos pensar que el orgullo es algo que Dios prohíbe, porque Él es ofendido, o que la humildad es algo que Él exige debido a su propia dignidad – como si Dios mismo estuviera orgulloso… Él quiere que le conozcas: quiere darte a sí mismo».

Cuando Dios dice «me honran,» no es una declaración de arrogancia; es una declaración de hecho. Y esto, según Lewis, nos lleva la virtud de la humildad, que es el principio de la libertad,

«Si usted quiere realmente entrar en cualquier tipo de contacto con él, de hecho, debe ser humilde – deliciosamente humilde, sintiendo el infinito alivio de tener por una vez desechas todas la tonterías acerca de tu propia dignidad que ha hecho que te inquietes y seas infeliz toda tu vida».

Y Lewis nos ayuda a entender por qué esto es importante para Dios:

«Tenemos todo lo que queremos» es un terrible refrán cuando «todos» no incluye a Dios. Encontramos una interrupción a Dios como San Agustín dice en alguna parte, «Dios nos quiere dar algo, pero no puede, porque nuestras manos están llenas. –no hay ningún lugar para Él”.

Dios usa el dolor para traernos a él. Sin embargo, el argumento de Lewis probablemente suena como una victoria pírrica para los escépticos: «Si ese es el remedio para la rebelión humana, entonces, ¿qué clase de Dios es este?»

El punto no es ese terrible remedio, sino nuestro pernicioso orgullo y egocentrismo. La recompensa para el dolor es verdaderamente liberadora y humildemente abnegada.

Esto sólo tiene sentido si Dios, y la relación con Dios, es verdaderamente el mayor bien.

Por lo tanto Lewis no funcionará para el ateo porque, por definición, el ateo no tiene un Dios para relacionarse.

Pero los ateos también se quedan con la solución de Richard Dawkins de un mundo que no tiene ni el bien ni el mal, donde hay sólo «la indiferencia despiadada y ciega».

(Que, con su magnífica retórica, lanza una frase maravillosamente escalofriante).

En lugar de condenar a Lewis por decir que el sufrimiento puede conducir a la humildad hay que entender que esta capta a los cristianos para adorar a Jesucristo, y como el escritor del siglo 19 George MacDonald (a quien Lewis cita en El problema del dolor), comentó:

«El Hijo de Dios sufrió hasta la muerte, no para que los hombres no sufran, pero para que sus sufrimientos puedan ser como los de Él.»

Alguien comentó una vez: «Cuando adoran un Mesías sufriente, seguro que cambia mucho la forma de verte sufrir a ti mismo.» Dios no está para hacernos (contentos con simplezas), sino para hacernos humildes, libres y bendecidos.

Este es sólo el primero de los tres propósitos que Lewis presentaba. Como he mencionado anteriormente, Lewis se dio cuenta, cuando murió su esposa, que el sufrimiento también cambia nuestra imagen de Dios.

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